martes, octubre 24, 2006

Vorágine otoñal (más o menos)

Llegas casi resoplando (¿solidaridad con la ballena que tus amigos islandeses descuartizaban para los telediarios, con mano firme de experto atemporal, y gesto de Snorri Sturluson zampándose enemigos de aperitivo antes de la cena?), nos pides tregua y te confiesas incapaz de bailar catala, respiras hondo, y te justificas… ¡Te acabas de enterar de que el otoño iba en serio, y tú, como en el poema, lo has empezado a comprender más tarde! Seamos ecuánimes: en realidad sales recién duchadito y almorzadito (copa de blanco mañanero incluida) después de retomar la vieja tradición del partido de tenis la mañana que no tienes clases. Te crujen articulaciones, ligamentos, restos de musculación que alguna vez existió y grasillas hábilmente repartidas por tu cuerpo serrano y respingón, mientras avanzas hacia nosotros con tu media cadencia de inevitables próximas agujetas. “¡Soy todo vuestro!”, pareces querer decirnos, y nos dejas en la duda de si tomarte la palabra, hacerte desaparecer de la vorágine otoñal, compartir contigo nuestros mundos volátiles y bien humorados, rescatarte…
Tus rutinas funcionan de repente a toda máquina, y en algún momento de esta última semana has descubierto también que, hasta hace apenas nada, nosotros no entrábamos en tus cálculos. Tratas quizás de halagarnos cuando afirmas que eso te descoloca, que tienes absoluta necesidad de buscarnos ubicación, que volvemos a ser importantes como alguna vez ya fuimos, que… Vale, vale, te creemos. Aquí estás, nosotros te observamos. Has decidido aparcar un poco la famosa carpeta polvorienta. Tu asombro ahora se encamina justamente hacia la cotidianidad recién recuperada… Te empeñas en hablarnos de ella, se te acumulan temas y (seguramente) sandeces que has ido rumiando quizás tan sólo para ti durante todos estos años. Te escuchamos, vocecillas tanto tiempo mudas y de repente sobradas de bocas, y lenguas, y dientes (tan blanquitos, después de pasar por la dentista, ritual incluido en todo regreso a la normalidad que se precie…).
El domingo, dices… Se empiezan a acumular obras de teatro en la cartelera. Quieres verlo todo, o casi. Sofía te dice que vas a tener que empezar a ir solo, que ella se agobia, que también quiere ir al cine, descansar, hacer otro tipo de vida social… Tiene toda la razón del mundo, la pobre. Nos ponemos radicalmente de su lado: ¡eres un maldito obseso, acaparador y exhibicionista! “¿Exhibicionista?”, nos preguntas ligeramente boquiabierto. Sí, exhibicionista, aunque eso quizás no tenga nada que ver con todo lo anterior… Es otra historia que etc. Teatro El Musical, en el Cabañal. ¡Pobre Cabañal! Barrio portuario de toda la vida. Calles en cuadrícula, casitas humildes de dos plantas. Muy cerca, las playas: las Arenas, la Malvarrosa… Años y años dejadas de la mano de Neptuno. De repente, el descubrimiento: edificación, paseo marítimo, negocios y… ¡Copa América! Sobra El Cabañal. Sobran los gitanos y la gente humilde que sigue viviendo allí. Hace tres años se reabrió un antiguo teatro, con una buena reforma y una buena programación: El Musical. Empresa semi-privada. En medio del barrio. Este domingo el panorama era ejemplar: en la nueva plaza a medio acabar, y frente a la puerta del teatro, pululaban niños y jovenzuelos gitanos, riéndose de los extraños payos que pasábamos por allí. El ochenta por ciento de las calles están levantadas por obras. Polvo, porquería, agujeros… Las casas, dignas, sobrias, algunas incluso bonitas parecen retener la respiración mientras grupos de personas toman el fresco delante de sus puertas…
Lo de menos fue la representación, Los astrólogos errantes, texto de Benítez Reyes, música de Rubial, voz grabada de Joaquín Sabina. La verdad es que no valía mucho la pena… En tu cabeza quedó el paisaje. ¿Qué van a hacer estos criminales con tu ciudad, con todas las ciudades? ¿Qué quedará después de tanto Calatrava, tanto barquito de millonarios en Pijolandia, tanta estupidez pagada a costa de nuestra memoria, de nuestros malditos recuerdos de paseos por un espigón libre de edificios, con un libro en el macuto de peludo veinteañero que se venía aquí, las tardes de tanto domingo melancólico, a leer mientras escuchaba el golpeo de las olas, y esperaba secretamente quizás entablar conversación con alguna sirena despistada? No quedará nada. Quedará la dentadura zafia de todos los zaplanas y los trapitos rojos de todas las ritas acosadoras de falleras, vacilándonos a todos con lo moderna que es Valencia y lo famosos y envidiados que somos en el entero mundo mundial. ¡Pena de foto que no hiciste!: valla de obras, agujero con conducciones de nosequé al aire, contenedor tapando el paso de cualquier peatón atrevido, tetrabriks y botellas vacías en el suelo, restos de raspas de pescado escarbadas por los gatos… A menos de doscientos metros de oropeles y mierdas perfumadas… ¡Que les corten la cabeza!

9 Comments:

Blogger Marga said...

Días y días otoñales que atrapan y dejan las carpetas a un lado.El problema de las carpetas no sólo es el polvo que acumulan, es el ir creando otras nuevas con esos días y al final tener un batiburrillo por toda la casa, en cada rincón, ays!!

Y sí, de estos lodos vendrán oropeles para mostrar a todos lo modernos y limpitos que estaremos, lástima que en cuanto sumerjamos un pie se nos vaya a llenar de mierda, auténtica y pura, eso sí. Que les corten la cabeza!!! (sugeriría que les cortaran otras partes más pudendas y dolorosas, puedo? andaaa, eunucos mentales ya son, un poquito más no importará)

Besosssssss en remolino otoñal

3:20 p. m.  
Blogger cronopio44 said...

Cortemos, cortemos por doquier... La sangre de cerdo da para muchas cosas buenas... ¡Morcillita de Acebes a la plancha! No es imposible. En una de esas obras extrañas que veo de vez en cuando, el actor se sacaba sangre y hacía unas morcillitas con ellas, que la gente luego se comía. Yo casi me desmayo con la extracción. Eso sí, le ayudaba una enfermera... De todos modos, creo que mejor nos quedamos con el tema del otoño...
Besos de hojas volanderas...

7:42 p. m.  
Blogger Rain said...

¿Qué harán los pibes
(bonita palabra: pibe)
si no meterse de cabeza a los nintendos y a los tetris que tienen su encanto, sólo que hasta tal punto que los chicos se quedan tetrificados si es que se autoenjaulan y así el frío no se siente mucho y las mujeres se ponen algo extrañas y los hombres más libidinosos...

si el ootoño de veras es una vorágine.


salute con sol, de ciudad...

8:55 p. m.  
Blogger cronopio44 said...

...Y sí, Vir, extrañas y libidonosos campando por descampados campanudos prestos a ser edificados, vendidos y revendidos... Las olas golpearán sobre el piso 24, y saldremos a pasear con escafandras. Ya no necesitaremos las estaciones. Casi que voy viendo el mundo un poco, o un bastante Ouellebecq, ¿no crees?
Abrazos desconcertados.

4:59 p. m.  
Blogger Reaño said...

Mientras el otoño avanza te traigo una guillotina de colores que puede usarse como columpio, según...
Regalo del invierno pasado para contravenir la rutina y limpiar un poco la mente...
o limpiar, simplemente.
o columpiar, si se puede.

7:18 p. m.  
Blogger cronopio44 said...

Guillotinas y columpios intercambian genes en mundos simultáneos, Reaño... Depende del humor con que nos levantemos, ¿no te parece?

4:40 p. m.  
Blogger Reaño said...

totalmente de acuerdo...

2:15 a. m.  
Blogger grandchester said...

De hoy en adelante
tu antigua playa olvidada
será famosa y dolorosa.

http://uncuartodecuerda.blogspot.com/2006/10/playa-fama.html

9:26 p. m.  
Blogger cronopio44 said...

Como soy un auténtico paleto tecnológico, me he quedado de un bonito color verde con lunares rositas al visitar el resultado de tus maniobras virtuales, grandchester... ¡cómo mola! Nos seguimos viendo...

11:11 a. m.  

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