martes, septiembre 19, 2006

Sofía

No eran exactamente paseos. Siempre te hemos visto caminar a toda velocidad, apenas consciente de los lugares que ibas dejando atrás. Jamás fuiste capaz de fijarte en los detalles, de absorberlos, de concederles siquiera la importancia que seguramente tienen. Y sí, fuiste paseante insobornable. Kilómetros y kilómetros hacia ningún sitio, por la noche, a media tarde, los domingos por la mañana o a pleno sol, sin saber muy bien hacia dónde o con un destino fijo fácilmente modificable por las casualidades, las obcecaciones, los repentinos deseos de cambio porque sí, o porque a lo mejor, o como juego, tentación, capricho, devaneo…
De nada de todo esto hablaste anoche con Sofía, aunque era lo último que te andaba rondando por la cabeza. Le hablaste, sí, de lo otro… De la no pertenencia. De tu absoluta incapacidad para retener lugares, personas, amistades, fobias, momentos… Quizás de ahí, le decías, tu desmemoria, tu desasimiento, tus pocas ganas de conservar nada ni a nadie. A fin de cuentas, le decías, el tiempo acaba acercándonos o alejándonos, queramos o no, y estamos siempre en nuestro maldito puesto de humanos cronometrados y ubicados, sin duda en nuestro lugar y en nuestro tiempo, independientemente de cualquier voluntad de negación o afirmación. Por narices.
Que Sofía lleve dieciséis años soportándote, desde aquel anoche-amanecer islandés interminable (algún día nos contarás también esa historia de bacalaos puestos a secar al aire, cataratas, piscinas con regulación de temperaturas, noches de juerga en Reikjavick y presentimientos de Sugar Cubes en bares multiusos ) en el que todo empezó, le da sin duda algo de ventaja sobre nosotros, que apenas sí asomamos de vez en cuando por tus dominios de escaqueador multifunciones, vago profesional, lengua de trapo discontinua y furiosamente celosa de su nada estructural… Pero no deja de ser extravagante que sea esta, justamente, la primera vez que la citamos. Las Auroras siguen ahí, literariamente prendidas de tus palabras-cangrejo, de remembranzas sibilinas y justificaciones de medio-lao (si le ponemos comillas, la corrección nos roba el porte canalla del palabrejo…) , pero de Sofía ni la mención, hasta ahora, hasta este instante en que afirmas, como si tal cosa, que anoche, mientras cenabais, hablasteis de esto y no de aquello. Y a todos nos queda claro que de quien querías hablar era de ella, y no de la conversación, fíjate tú.
-Pues la cena estuvo muy buena… Japonesa moderna, ya sabéis… Un par de ostritas con no sé qué y no sé cuántos, unos boqueroncitos marinados con verduritas, tempura, maki de anguila envuelto en aguacate y dos niguiris de foie con manzana realmente estupendos… No tenían mucho para elegir en vinos, pero la botellita de Les Alcusses ya nos fue bien, ya… Y mucho pijo: espectáculo añadido para las pausas en la conversación… Después de ver La noche de los girasoles, la mezcla podía haber sido de agárrate, pero no, sólo un poquito de mala leche, y muchas buenas intenciones…
Y te quedas tan tranquilo, claro. Pero es que son ya muchos los años en que nos has tenido en un plano tan secundario que ni de incluir a Sofía en nuestros simulacros de palabra más bien entrecortada nos considerabas dignos… De todas formas no nos vamos a enfadar ahora: ha sucedido, Sofía existe, y nosotros tan contentos. ¿O no? Aunque la verdad es que creemos que tú, en realidad, preferías dejarla al margen de todo esto, oculta, innombrada… La imagen de ti que te hubiera gustado dar en otros tiempos (¿en estos ya no?) no parece que se avenga muy bien con la existencia normalizada de Sofías, convivencias armónicas y equilibrios vitales compensados… Ni idea de qué mosca reveladora te ha picado, ni de la magnitud que el cambio supone… ¡Adiós protestas de soledad y sufrimientos desquiciados de individuo sumido en silencios inabarcables! Adiós al porte de bicho raro (¿rabo y cuernecillos?), incomprendido, no escuchado, ajeno a cariñitos y dulces despertares… ¿No estabas mejor como simple añorador de Auroras, pasadas y, quizás, también presentes y futuras? Debe ser que no…
Quizás así se entiendan mejor algunas alusiones a rutinas y monotonías, a días que se escapan como conejos soliviantados sin que, de nuevo, nada suceda que no haya sucedido tantas veces, a perplejidades y extravagantes deseos de otro yo, o de cinco mil otros yos, o de millones de nosotros confabulados para darte cuerda y dejarte aquí, balbuciente, disparado, mirándonos receloso con cara de lo mismo os estoy engañando y Sofía no es más que otro fantasma desaparecido en combate y presto a regresar si el sabio mago encantador lo convoca a tomarse unas copas… o a cenar en ese japonés tan pijo de la otra noche, ideal para rumiar la violencia de la peli, para charlar de frustraciones asumidas con Sofía, para saborear su enfado disconforme, para regresar a casa con la alcoholemia en empate técnico, y dormir relajadamente tras media página de lectura sonámbula, seguramente prescindible…

7 Comments:

Blogger Marga said...

Justo a tiempo para leer cronopios-centrifugadores y marchar... si me hubiera vuelto Zen le daría un sentido de causalidad pero como levitar se me da fatal, los tropiezos astrales también funcionan para mí! aysss, pues que no, que simplemente me los llevo y empate técnico con el azar.

Algún día tendrás que contar como te las maravillas para meter tanto en tan poco, aunque lo hagas de medio-lao y celosamente...

Besossssss de esta aurora que en breve será verde.

1:10 p. m.  
Blogger cronopio44 said...

Ya me había resignado a tu ausencia, con lo que este tropiezo astral o lo que narices sea me ha parecido de lo más estimulante... ¡Atención a los restos de mí, etéreos o no, que aún deben andar flotando por las Asturias diversas, todas igualmente añoradas desde estos secarrales edificados hasta la médula...! Besos para ti, y recuerdos para los bosques... (Ay, Muniellos, y las huellas del osu invisible...)

3:42 p. m.  
Blogger Oceanida said...

humanos cronometrados...

Me hiciste volver a los tiempos en que me rasge la piel por no serlo...
Y me rendi, despues de verme los huesos al aire libre...

Un abrazo.

7:17 p. m.  
Blogger Majorova said...

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9:20 p. m.  
Blogger cronopio44 said...

Oceanida, los mundos se entrecruzan silabeando dolores descarnados: mestizaje del agua y la tierra apenas resuelto en barro... También los tiempos avanzan y regresan (¿como las olas?): volveremos a lo que fuimos, éramos lo que desearemos ser en futuros de memoria extraviada...

Majo, la vanidad se nos presupone a todos... Nos construimos hablando para nadie hasta que, sorpresa, nos aparece algún lector despistado... Si juntamos palabras es porque necesitamos hacerlo, y agradecer estas visitas casi a traición... Yo, al menos, te seguiré leyendo. Besos, persistentes...

4:51 p. m.  
Blogger Paula said...

Extrañaba tus palabras... y ahora que vuelvo, me atrapas desde la primera frase y no me sueltas hasta el final, quedando entonces maravillada con tu estilo, con Sofía y los "paseos" sin destino... esos que tanto se parecen a los mios, que utilizo como catarsis, para escapar de ese estado de "humano cronometrado" que a veces intenta invadirme...los disfruto infinitamente, los paseos y tus relatos.

Te dejo un abrazo.

6:01 p. m.  
Blogger cronopio44 said...

Gracias, Paula, por tus comentarios, tus visitas, tu entusiasmo y tus disfrutes infinitos... Nos iremos encontrando en esos paseos sin rumbo ni tiempos. Un abrazo

1:01 p. m.  

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