martes, octubre 10, 2006

LÓGICA DE LOS NOMBRES (2006)-2

Un escalón. Puerta de la catedral. Él (Tú) allí sentado, mirando a la loca. Eran las tantas. La loca quería entrar a la catedral a tocar una tecla del órgano. Sabemos que esto no te lo inventaste: tu imaginación no hubiera llegado jamás a tanto. Asistimos, entonces, a la maravilla: imagen fijada por la escritura que, de otra manera, hubiera indefectiblemente desaparecido de tu memoria. ¡A buenas horas te ibas a acordar tú de ese episodio que, a todos los efectos, es ya sólo un episodio escrito, sin más (y polvoriento, insistimos)! Sí, a veces pensamos que lo único que conservas de lo que alguna vez te sucedió es, precisamente, lo que alguna vez te dio por anotar en tus cuadernos, por otro lado confusos, barroquizantes, redichos y elípticos como ellos solos. ¡Digna presa para nuestra ansiedad locuaz, palabrería recuperadora de insignificancias sin pies y con todas las cabezas (demasiadas)! Si tú lo escribiste, nosotros lo sabemos: no puedes librarte de nuestra presencia: aprendimos a interpretarte ajustándonos a tu paso, regalándote los oídos con algunas de las cosas que querías oír en cada momento, largando por esta boquita lindezas de todo a cien con colgantes dorados y bisutería resultona: somos tus albaceas en esta tierra de promisión, el país de las hormigas tipográficas que desfilan por la página con sonrisa intangible. Ya ni siquiera hace falta que escribas nada: lo hacemos nosotros por ti, y tan ricamente, oiga, le construimos a usted su propia memoria por la cara, sin más, y es que no nos mereces, nunca nos mereciste... Ni siquiera cuando Aurora hacía este mismo trabajo, y nosotros zascandileábamos todavía entre páginas aún no escritas, entre delirios por concebir, a la espera… En fin, era el caso que tú mirabas a la loca, sabiendo que ibas a regresar a tu habitación, la misma habitación que nos sirvió para la Historia de Ángela, y que algo de juego ha de dar aún, sí…


LÓGICA DE LOS NOMBRES (198¿3?)
2
Todavía los últimos restos de aquel pensar en Aurora se le removían entre los hombros encogidos. Calculando las distancias entre la sombra de la que ya sería para siempre, lógica de los nombres, “la loca”, entre la sombra lívida que proyectaban los focos de la iluminación nocturna de la catedral sobre el suelo del callejón, y el recuerdo del cuerpo de Aurora, montado sobre sonrisas envejecidas, se perdía en un ejercicio de masacres, sintiendo la estupidez de su realidad de cuatro de la mañana, soñoliento, aguardando un imposible tras los pasos de los primeros madrugadores, con bocadillos y autobús de empresa en algún lugar de la ciudad.
“Sabía que me iba a ir. Sabía que sólo estaba tratando de demostrarme mi propia capacidad de muerte programada
_______________aquí hemos dudado en la corrección…¿”Pseudo-muerte programada” quizá mejor? Pero bueno, dejemos al chiquillo que se exprese, tampoco hay que ser así…___________, tratando de alcanzar límites de degradación sin peligro, lugares desde donde regresar al primer cigarrillo, áspero de sueños interrumpidos, de un nuevo despertar en la seguridad frustrante de mi cama, de mis libros en la biblioteca, del desyuno en el bar de la esquina, al ritmo de las campanadas de la iglesia, ocho y media, nueve menos cuarto, las nueve. Ese mismo despertar lleno de silencios, como el silencio de la catedral desierta, y repleto hasta la saciedad de la imagen de Aurora, como la imagen de la loca hablando con el gato casual, tras las rejas de la entrada”.

Han pasado varios días desde tu famosa enfermedad matinal, todos ellos encantadoramente festivos. Te sientas esta mañana de martes junto a nosotros, porque los martes tienes clase sólo por la tarde, ya repuesto, y feliz frente a la perspectiva de puentecito patriótico, por aquello del encontronazo de culturas y la Pilarica, sabia combinación de esencias de la raza (juramos y perjuramos que el corrector de Word nos ha clavado inmisericordemente la mayúscula de doña Pili). ¡Los desayunos en el bar de la esquina!, dices en voz alta. Comprobación empírica de que los currantes se metían un buen carajillo o un buen copazo de anís seco para comenzar la mañana en condiciones, mientras tú dabas buena cuenta de cafecito y croissant, que te salía más barato que despejar el fregadero de tu cocina de platos y vasos sucios para prepararte el desayuno en casa… La convivencia, ya se sabe, consiste en discutir a quién le toca fregar, y decidir no hacerlo ninguno… Todo fuera por la animada vida social, os decíais entonces, mientras os planteabais cuál de vuestras amigas iba a aceptar la tarea de asistente a módico precio que desesperadamente urgía, a riesgo de abandono por peligro de infección evidente. Dejaremos para otra ocasión el asunto de género implícito, la ecuación chica-asistente que, cómo no, también aquí se manifiesta en toda su crudeza… Más que avergonzado, nos miras diríamos que suplicante: “pero, ¿no estabais contando una historia?”.

Por fin se levantó y se acercó a ella.
-¿Falta mucho?
-No creo que abran hasta las ocho, por lo menos.
-Pero vas a entrar conmigo, ¿verdad?
-No, no voy a entrar.
-Entonces me esperas aquí, ¿vale?
-Vale.
Se sentaron de nuevo, las rodillas recogidas. La loca ensayaba desvaríos de mirada, que él devolvía desde la seguridad de su inevitable regreso. ¿Por qué no? ¿Por qué no entrar, y seguir después a este verdadero proyecto cumplido de mujer, mujer que debió dejar también, en algún sitio, la amenaza de noches concluidas al fatal abrigo de las cuatro paredes familiares? Seguirla definitivamente hacia el ningún sitio que prometían sus ojos y sus gestos, para dejar, probablemente, de pensar en Aurora, dejar de manipular recuerdos para conseguir mantenerse en pie, olvidar la degradación ficticia para entrar definitivamente en un mundo en el que la degradación ya no importara en absoluto, porque una tecla de órgano resumiría entonces toda apetencia, todo futuro, condensando el pasado en una raya informe con fragmentos de gato en ciudades desconocidas.

Y los magos encantadores, cabe decir, nosotros mismos, ponemos aquí el A suivre (¡y dale con el francés de despedida!), porque en la discusión anunciada en el post anterior hemos decidido que a trocitos, mejor. Y nada nos hará cambiar de opinión. Hemos dicho.

13 Comments:

Blogger grandchester said...

Gracias.

9:30 p. m.  
Blogger Noctiluca said...

Hola Cronopio !
Vine a saludar, pero veo que para leer tu blog hay que tener un tiempito, lo cual me alegra. Volvere cuando las horas no hagan pender su carga de tiempo sobre mi espalda...
(lo poquito que lei, me gusto)
un beso

9:32 p. m.  
Blogger Marga said...

Yo también hubiera querido entrar con la loca y tocar una tecla o la campana que persistente marca las horas (no era eso un bolero?)y tomarme luego un carajillo con ella y las risas o la inquietud.

Del problema del género de los cacharros hablaremos en sucesivas ocasiones pero mientras he de dar la razón a tus incordiantes voces cronopios y decir que síii, que a poquitos todo sabe mejor...

Mejor la plata, o el cobre pero... de ley, no?

Besossssss nunca dorados aunque deban refulgir

10:26 p. m.  
Blogger Sovka said...

Interesante blog :)

Saludos y gracias por visitar mi hogar.

11:29 p. m.  
Blogger cronopio44 said...

Gracias a ti, grandchester

Te sigo esperando, nocti, cuando el tiempo te lo permita... ¿Más besos!

El reloj, era el reloj, pero las horas caen sobre los que esperan, Marga. Por cierto, los cacharros no tenían género (además, entonces eso del género aún no existía) pero nosotros, guarros, lo éramos un rato... ¡Te juro que allí nada refulgía! Besos que alguna vez brillaron.

Saludos, Sovka, y agradecimientos intercambiados...

8:14 p. m.  
Blogger grandchester said...

La ientificación... es bilateral.

1:46 a. m.  
Blogger grandchester said...

...¡Ya lo comprendí!...
Una teCLA y EN EL órgano.

Ayy Señor.
Que me perdone la Virgen
y me perdone el Redentor.

No fue por fetichismo,
fue un desliz
(al principio no entendí),
una leve confusión.

(paranoia de "personificación")

¿Qué voy a hacer?
Ahora debo confesarme
¡Que caiga sobre ti esta culpa!
si me dan excomunión.

2:01 a. m.  
Blogger Reaño said...

Aunque algunos digan que me he vuelto un "fama", vengo "au suivant" a ratificar que tus escritos, con un cervecita de mediodía se disfrutas no sabes cuánto...

8:26 p. m.  
Blogger cronopio44 said...

grandchester, las culpas de los verdaderos cristianos (sobre todo en asuntos de turbio pensamiento descarriado) ha de asumirlas solo, solito, solo el verdadero cristiano. Pero no pasa nada, luego puede confesarse y seguir a lo suyo. ¡Jamás será excomulgado!


Me alegro, reaño, de tu disfrute... ya se sabe, los trabajos, con cervecita, lo son menos, y los placeres, pues al revés, digo yo, ¿no?

4:21 p. m.  
Blogger Reaño said...

Salú Señor: tá uté linkeado...

6:31 p. m.  
Blogger cronopio44 said...

Zankiu verimach, Reaño... Mucha salud forever

11:38 a. m.  
Blogger Majorova said...

Hola Crono:
Aqui estoy, otra vez, leyendo y releyendote.

Yo, aún no se que palabras podrán decir aquello que hay para decir.
te dejo un besito.
Majo

5:07 p. m.  
Blogger cronopio44 said...

¡Cuanto tiempo, Majo! Siempre eres bien recibida, a la espera de que tus palabras se decidan... Beso grande.

6:58 p. m.  

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