miércoles, septiembre 06, 2006

Historia de Ángela (y 3)

Hace sólo un rato, mientras te duchabas (nuestra ubicuidad es proverbial) nos decías que no te apetecía nada seguir contándonos así la historia de Ángela, momento a momento, morosamente. Que quizás preferías saltarte aquel día en no sé qué piscina de no sé qué casa de no sé quién , cuando Aurora, celosilla y perspicaz, se las arregló para secuestrarte y darse contigo un revolcón rápido y más bien sudoroso, no sin antes asegurarse por completo de que Ángela os adivinaba y, casi casi, os veía, vaya que si os veía. O aquella cena nocturna en la terraza, en la que por fin te atreviste a acercar tu mano a la de Ángela (¡nada menos que la mano, en el mejor estilo fotonovela y culebrón!) en medio de una conversación general, aprovechando la nocturnidad y la alevosía que acabarían conduciéndoos, al final de la tertulia, a tu habitación, a tu colchón, a tu felicidad, de nuevo sudorosa (maldito verano) pero, en esta ocasión, para nada veloz. Tampoco, nos decías, tenías ganas de relatar con pausa y detalle vuestros sucesivos encuentros y desencuentros, aquel día en que te llevó en moto a ver los resultados de las oposiciones (¡aprobado, estabas aprobado!) o aquel otro en que, en la terraza de un bar, no quiso saber nada de ti, y se dedicó por completo a otra gente, ante tu mirada y tus varios palmos de narices… Vamos a ver… ¿No sería suficiente con el final? ¿No era eso lo que realmente te interesaba? ¿Por qué posponerlo, entonces?
Quizás algunos de vuestros últimos encuentros, al borde del coma psicoanalítico o en borrachera motorizada (un beodo y provocador “haz conmigo lo que quieras” en tu nueva cama de señor profesor, que todavía ronda por tu cabeza en las noches de luna llena y hombre lobo…) hubieran sido dignos de paréntesis minucioso y reconstrucciones con todas sus hipótesis, síntesis, pruebas y contrapruebas. Pero el agotamiento de juntar tanta palabra, el agotamiento presentido, queremos decir, no te iba saliendo a cuenta ni te llevaba a ningún sitio en el que realmente quisieras estar, donde realmente quisieras pronunciar tu “ese era yo”, que ahora te va saliendo entre esfuerzos de parto y rodeos más que mareantes.
“Pero…¿por qué narices nunca quiso follar de frente?”. Nos miramos, perplejos. Estamos seguros de que has dudado antes de elegir la palabra, y de que tu feed-back (¿retroalimentación?) puritana te ha llevado a elegir la más explícita: “realizar el coito” o “copular” no quedan bien ni hablando del apareamiento de los osos panda. “¡Siempre de espaldas!”. ¿Era eso entonces? Bueno, no sólo eso, ¿era ese uno de los motivos que te ha llevado a recordar, a reconstruir, a buscar razones? Nos sorprende, sí, que justo ahora que estás queriendo acabar nos descerrajes, sin previo aviso, semejante pregunta: la inevitable no respuesta nos seguirá rondando (¿como a ti?), nos llevará quizás a silencios embarazosos si la volviéramos a ver, “Ángela, la que siempre quería follar de espaldas a ti” (delicias de besos laterales, torsiones de cuello y turgencias multiplicadas…), pensaremos quizás sonrojándonos, nosotros, tan sensibles, ya sabes, tan delicados… Y que no es tan improbable un nuevo encuentro lo revela, precisamente, el final de tu historia.
A ese final hay que ponerle fecha. Es seguramente la fecha el pretexto de todo. 12 de Marzo de 2004. Un día después de los atentados de los trenes de Madrid. Tú, montado precisamente en un tren Valencia-Barcelona. Como seguramente tanta gente ha dicho ya, el silencio de ese día no era el silencio de cualquier otro día. Aeropuerto. No se os ha ocurrido otra cosa, a ti y a tus amigos, que tener preparado para esos días de vacaciones de Fallas un viaje a Egipto… Cola para facturar el equipaje. Una señora rubia, cuarentona, con algún kilo más que entonces, pero el mismo gesto, los mismos movimientos. Junto a ella una niña igualmente rubia, de unos siete años, clavadita. Van con un señor mayor, de unos sesenta y tantos: el padre de la criatura, te enterarás después. No se cruzan vuestras miradas. De hecho, no reconoceréis que os habéis visto hasta que ella no se decida a hablarte, en la cola para la comida-buffet en el barco del Nilo… Bueno, todo eso es secundario. Lo verdaderamente importante, nos dices, el final que buscas, es el que escribiste en el mini-diario que sueles llevar en todos los viajes: “Cena y ‘sorpresa’: orquestilla con derviche y bailarina. Volvemos a demostrar nuestra simpatía natural, negándonos a bailar. La mejor sorpresa: ¡Aznar y su banda a tomar viento en las elecciones! Con esa alegría nos vamos a dormir”.
Todo entonces pareció tomar forma. ¿Qué forma? No tenemos ni idea. Pero las frases cruzadas esa noche, las caras de congrio con dolor de estómago de unos cuantos aguerridos votantes del orden (las especias orientales suelen sentar mal, ya se sabe), los brindis con gin-tonic a la luz de la luna egipcia, bien cerca de Luxor, quizá puedan justificar todos los recovecos, todas las digresiones y circunloquios que, siempre, al final, habrán de llevarnos a la misma confluencia de sendas y virajes: tú, cociendo en tus propias salsas, perdiéndote en los laberintos sin minotauro de lo que fue y pudo ser cualquier otra cosa, de los pasados que retardan su explicación para cerrarse de maneras similares a esta: ¿Existió Ángela en tu vida apenas para esta celebración incrédula y alborozada? ¿O Acebes y Zaplana se trabajaron tan minuciosamente su derrota para celebrar el punto y seguido de un último encuentro que cerraba una historia necesitada de puntos suspensivos? Ambas preguntas son igual de estúpidas, y ninguna busca respuesta a la necesidad repentina de contar sólo algunos momentos de tus más bien remotas glorias juveniles, con colofón de bigotes derribados y puntapiés en ilustrísimos traseros. Te dio por ahí y eso es todo. Y ya está. Y con las mismas: se acabó.

3 Comments:

Blogger Marga said...

Jajajaja chapó!!

Después de tanto tiempo me asusta pensar que Acebes y Zaplana llegaron al final sólo para cerrar (?) tu pasado o sus preguntas que nunca tendrán respuesta. De momento prefiero pensar que fue el estar en Génova cagándonos en tó tras ver a Rajoy en la tele, eso y sentir el ardor guerrero fue todo uno, mientras tú andabas de parranda con rubias y bailarinas egipcias (me la debes pues, jeje)(o te la debo yo? joer con el azar, cualquiera sabe!)

Besossssss luneros

10:48 p. m.  
Blogger cronopio44 said...

En efecto, aquí estás, y el blog sin contarte... ¿Es posible que desde nuestro baile de esqueletos te hayas trans-sustanciado (bello palabro) hasta el sumum de la invisibilidad cibernética? ¿Qué me habrá dado con las preguntas, que cada vez las hago más raras? En fin, besazos de punto y seguido...

3:52 p. m.  
Blogger Marga said...

Trans-sustanciado (en efecto, bello palabro)no sé, yo creo que es más una causa de levedad, tanto que me vuelvo invisible! aysssssss

Las preguntas siempre son raras, tranquilo, no es cosa tuya. Las respuestas suelen ser pocas, la naturaleza de cada cosa y no seré yo quien las toque!

Valeee, punto y seguido y mira que no son lo mio eh? y un punto y coma no te convence? cachis! besossssssss

8:45 p. m.  

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