viernes, septiembre 29, 2006

Salvador

Esta semana fuiste a ver Salvador, la peli de Manuel Huerga sobre la ejecución de Puig Antich, y cuando nos lo cuentas sabemos ya lo que va a venir después… Armados de paciencia, presentimos tu deslizar diríase que elegantemente surfero sobre las olas del espacio-tiempo (machacadito lo tienes al e-t de los cojones, que diría cualquiera de los polis mala-baba de la película) que te separan de ti mismo (al ritmo seguramente del I si canto trist de Llach que suena al final, versión de lo más adecuada para tu tránsito inmisericorde desde el hoy de señor que tras el cine se va a cenar pacíficamente con Sofía hasta el ayer del jovenzuelo enlutado y melenudo que escuchó por primera vez la canción en casa de Héctor, en una de aquellas tardes de ajedrez y porrillos incipientes…) o del que fuiste cuando fuera que fueses, o cuando los paréntesis no ejercían aún de tele-transportadores en la cuarta dimensión (…no abriremos otro más…). Y ahí estás, recién llegado, dispuestito a conocer a la primera Aurora y a correr un rato delante de los marrones, en aquellos ochentas que ya nunca podrían ser los setentas, y mucho menos los sesentas, hay que joderse (…Lo siento”, nos dices, “es que no puedo dejar de ver el careto de Joaquín Climent haciendo de mala bestia de la político- social, y se me va la lengua”).
Nos recuerdas que apenas tenías once años cuando Carrero Blanco se hizo personaje de todos los chistes sobre coches voladores, y nos lo dices así, sin ningún tipo de consideración para los millones de lectores de tu blog, que no saben muy bien (ni muy nada, en algún caso) quién fue ese energúmeno, algunos por ser demasiado jóvenes (ya quisieran…), otros por ser de latitudes cronopialmente opuestas y en plena primavera, a los que habrá que disculpar lógicos desconocimientos sobre certámenes aéreos en tiempos tan lejanos…Pero bueno, vale, tenías once años, y Carrero voló y Franco se enfadó y Puig Antich fue ejecutado (de eso tú no te enteraste). No fue ese tu momento, no. Aún faltaban algunos añitos, y cierto desarrollo de tendencias machaconas que habrían de acabar de endurecer tu ya de por sí pétrea mollera, hasta alcanzar los niveles suficientes de testarudez post-adolescente. Diecinueve años, veinte años… Carrusel de candidatas a Aurora y revuelo de posibles Héctor en formación de combate…
Sí señor, sí… Simplemente los ochenta, y tu bici suicida entre el tráfico de la ciudad, de casa (y el taller, y las fiestas matutino-vespertino-nocturnas, con su algo de madrugadas y lunas en diversas fases alucinógenas, y el tenderete en el mercadillo, y la biblioteca del Ateneo…) a los barracones de Filología, o a los laboratorios de idiomas donde se suponía que perfeccionabais vuestro “magnífico” inglés de Secundaria, ¿milagroso don de lenguas en las aulas, espejismo del enano pretencioso (sin perdón) encaramado en sus tacones que ejercía de Catedrático insigne (luego fue Director de Teatres de la Generalitat), omnipresente, omnimangante (con academia privada de idiomas de su propiedad, of course)…?
Ya no había, entonces, heroica resistencia antifranquista. Apenas asuntillos sectoriales, protestas de estudiantes contra leyes aproximadamente ininteligibles y más que presumiblemente reaccionarias, y comprobación en propias carnes de que los democráticos “marrones” aún conservaban el instinto sádico, el perfecto entrenamiento asesino y el sentido del humor en el culo de sus brillantes antecesores, los “grises” de nunca bien ponderada memoria criminal. Suficiente, sin embargo, para poder contar a los nietos que nunca tendrás que tú corriste delante de ellos, y que volcaste y cruzaste coches a modo de barricada enfurecida, y que a tu lado detuvieron a Héctor a punta de pistola, y que esperasteis horas un día de Navidad a las puertas de la Modelo, hasta que lo soltaron, por fin, horrendo criminal que se atrevió a tirar una piedra en una manifestación salvaje (¡auuuuuuuu!).
Todo eso, resumes, te lo ha traído a las mientes hurgadoras la historia de Puig Antich, y la canción de Llach, acompañante en aquella época de tantas cosas, de tardes en casas ajenas o de noches en la propia, de gorgoritos improvisados camino a algún lugar, de deseos, en suma, que tal vez se fueron metódicamente incumpliendo, a estirón y regañadientes.

4 Comments:

Blogger Marga said...

Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.

10:22 p. m.  
Blogger Marga said...

El comentario anterior era mio, solté una parrafada, que mal me sienta ver ciertas pelis!! jeje

Esta tarde ví la peli, imágenes de entonces machacaron mi cabeza. No sé si la peli me gustó del todo pero me removió, gorgoritos en la memoria... y tuve que contenerme para no escuchar a Llach...jajajaja

En fin, mi frase recurrente, jeje.

Besosssss reincidentes.

(En otro orden de cosas, necesitamos tu correo para hacer efectivo tu inclíto ingreso en la academia de la nada y varios desvarios. Me escribes a marsago@hotmail.com?prometemos con la mano sobre Bakunin no forzar tu privacidad salvo lo estrictamente necesario)

11:54 p. m.  
Blogger Reaño said...

Espero ver la película cuando llgue a Lima... sino, allí estará el emule...

10:37 p. m.  
Blogger cronopio44 said...

Vale la pena, Reaño, algunos la han criticado por ser algo "americana" en el planteamiento de thriller, pero el final te deja lo suficientemente helado...

6:20 p. m.  

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