jueves, noviembre 20, 2008

Carta de amor

Jueves, 20-X-2008

(La muerte rompió las rutinas de los martes. Así que viaje relámpago a Extremadura, funeral y regreso, que te traen otros recuerdos y otras muertes, siempre igual de inoportunas. Recobras el hilo, aunque en jueves y en semejante efeméride (tú, de camino al Instituto, en el 75, 1º de BUP, luto nacional y el discursito de Arias Navarro…), y decides copiar íntegra esta carta de amor (¿¿¿¿de amor?????) que realmente Enrique le envió a Julia, poco antes del desastre final. Y es que el desastre se entiende muy bien después de leído el engendro… Que además es largo, el puñetero… Así que decides dejar tiempo al sufrido lector, y lo mismo te saltas el post del próximo martes… ¡O no!)

DE CÓMO YO YA NO QUISO LO QUISO Y QUISO LO QUE QUISO QUERER
(O algo parecido)

Es como cuando.
Como cuando no eran Palabros y uno se lo creía.
Entonces, tal vez, sobre la mesa de la habitación que compartía con mi hermano, y medio a escondidas, no fuera que me vieran.
Ahora con los cascos puestos, y Bach, y todas las nuevas estupideces que he ido aplicadamente acumulando, quién sabe si tal vez para llegar hasta aquí, y decírtelo a ti.

Personaje parecerse a amo como gota parecerse a gota, y lengua estropajosa cuando romper fuego para que tinta correr y cosas correr como tinta que en definitiva son, y quisiera uno convencerse de lo contrario, después de tanto tiempo elaborando la famosa teoría de todo es mentira, y sólo las palabras, y sólo la ficción que somos.
En la consiguiente confusión el personaje suda hieles de despiste por momentos, y cartón piedra en las actitudes (¿también lenguaje?), en la charca de ranas de los días en fila: uno detrás de otro para averiguar que estas ficciones tan verosímiles joden lo suyo, para ser ficciones.
Y así llegó el silencio.
O la barahúnda de la académica disputa sobre el regreso de las zombiversiones Marxandianas.
Complejas operaciones de entelado perfecto para conseguir que el silencio cubra la aspirante a campana de cristal, pecera de tiburonzuelo desdentado que saluda ufano a la concurrencia y esgrime semiótica sentencia de carnaval anticipado.
Barroca flatulencia o así.
Perdía el refugio la razón en el constante estrujarse los sesos para salir de sí mismo con alguna dignidad. O cómo rellenar la gran nada depositada en bombonera hermética y no estallar al olorcillo del güisqui y de la hembra soñada, so semental de plaza de tercera, aprendiz de bruja con aspiradora a pilas y la casa por barrer o los niños por peinar.
(Mi madre me ha regalado colonia y loción de afeitar –sigue haciéndolo todavía…-. Estos días me entran tentaciones de peinarme con colonia, como hacía ella por las mañanas, antes de mandarnos al colegio…).
Dentro de nada los treinta (¡los cincuenta!), y perdido, con el lobo al acecho y caperucita ligando con el lobo.
Por eso el silencio.
La cáscara de las novelas.
El personaje-pollo y la gallina que no pone
nada de su parte. Ni huevos.
¿Será cuestión de huevos?
O de abismos.
El foso cocodrilero resguarda los accesos al Reinillo del Palabro: toda autodefensa es poca si la (re)dicha es breve. He dicho. Y los bichos me corren por las manos como culebras de pánico actoral.
El juego se cansó y yo se cansó del juego. Le hicimos a Beckett todas las estatuas. Sesudos palabreros se las hicieron, que yo lo vi, y luego salieron corriendo a emborronar todas las paredes como locos:
“¿Y QUIÉN SE ATREVERÁ A ESCRIBIR AHORA?”
Ellos.
Se atreven, y se atreven, y se atreven.
Yo, no.
Quizás tan sólo con el público reducido a ti, como ahora, o a yo, como otras veces, yo se atreverá a recuperar la inocencia negra y violará libretas con la sana parsimonia del enfermo que, oiga, no hay quien lo acabe de matar.
Y yo, el personaje, se quedará mirándose los dedos, como queriendo estar convencido de que dice lo que escribe que dice, más o menos, y que algo tuvo que ver con Augusto Pérez, Alberto Caeiro, Abel Martín, o Héctor Nosecuántos, que se lo inventó yo.
¿Para qué?
Remodelar la experiencia, dicen los manuales. Artecito puro. La experiencia.
Tal vez.
Me ha cogido usted en falta.
Pongamos que yo se rasca la cabeza.

(Es la una. Me toca el cigarrillo. Violines).

El personaje se descubrió en cierta ocasión batiburrilleando indiscriminadamente consuetudinariedad y novelabilidad, de modo que consuetudinaba para novelabilizar y se dejaba novelabilizar para consuetudinar. ¡La vida era como las novelas! ¿La novela de uno era como la vida de los demás! ¿La vida de los demás era como la novela de uno! ¡Los demás de uno eran como la vida de la novela!
Claro, lo dejó estar.
Trató de llevar el asunto a márgenes más manejables, pero en ese momento se acabó el compact y tuvo que levantarse a cambiarlo. Decidió seguir con Bach, por no perder el hilo, y eligió el que tú le habías comprado en La Pirámide, por aquello de las telepatías ocasionales.
Experiencia eres tú, ahora,
y a ti no te escribo porque prefiero eufemísticamente hacer –tabú-bú-bú- otras guarradillas de sabor más –cómo decirlo- experiencial, y que las experiencias, con perdón, se vayan a tomar por culo, si es que pueden.
Además, exabrupto suena a eructo.
Regüeldo nobelístico, con v de vurro.
Recuerdo noguerístico.
Re-cuerdo. No: qué listi-llo. Yo. Y/o.
Pijadas.
Yo debería enrojecer de vergüenza.
Pero escribir, vivir, y no poder saber dónde se está, ni cuándo cualquier maravillosa idea impondrá el gran acuerdo universal por un rato, y se volverán a llevar los pelucones ye-ye, justo cuando yo había decidido raparse al cero, el muy ceporro.
No, no, demasiada prisa.
Nosotros, los hombres de Neanderthal, padecemos vértigo genético. Nos asomaremos, miraremos y gruñiremos, perdido el talgo del ketchup y la mostaza, alucinaítos del tó, encroissantados, endonutados, nouvellecuisinados, pero dignos y sobrios, mú dinos y mú sobrios. ¿Se me entiende?
En definitiva:
¡Que escriban ellos!

14 Comments:

Blogger aroma said...

Saberse...que tú, o en todo caso un yo cualquiera, se pierde en abismos inconmensurables...letanías de versos...que no dan no alcanzan a ser más que eso...letanías. Las palabras esas que por no quedar atoradas, se escupen a borbotones,arrojadas con una bic cualquiera, en una servilleta cualquiera...todo lo demás no importa... De todos modos poco importa ahora, luego del derrumbe.
Como diría el Indio Solari:(¿o lo dijo Monsieur Sandoz?)..."Soy un ladrón que robó dolor..."

3:17 a. m.  
Blogger aroma said...

A su salud,amigo!

3:19 a. m.  
Blogger Margot said...

(La muerte siempre rompe rutinas, y pericardios, suele hacerlo, la muy...

Que estés bien, a pesar. Achuchón.)

(Por mí no te lo saltes, más que sufrir lo disfruto. Pues eso!)

(De amor??? Mamma mía! La línea recta no era lo tuyo pero me gustan tus elipses romboidales de irracionalismo, seguro?, en palabros)

Personaje estar hecho un cacao, cuando los finales se atisban entra vértigo (de simio más que de neandertal, sin géneros) y escribir asomándose a él provoca mareos, naúseas y confusión mental. Sin eufemismo: miedo que te cagas por las patas y palabros de salvamento en botellas a náufragos. Pero silencios pesan más.

O yo que sé, que traslado a mí y me lío... jajajaja. Muy dina y sobria yo.


Besos muchos al lobo verde y selenita.

10:48 a. m.  
Blogger cronopio44 said...

Mis letanías, aroma, iban todas a libretitas pulcrísimas de buenísimas intenciones... ¡que aún conservo! De ahí que pueda "publicarlas" en este invento que el pobre Enrique ni podía imaginar... Pero sí, la filosofía es la misma: la letanía del insomne... A la suya, compañera.

6:31 p. m.  
Blogger cronopio44 said...

Margotilla, tu identificación me halaga y me sostiene en mis trece funambulescos: todos los bichos somos raros, y los sufrimientos de los finales, los principios, y los medios, nos afectan por igual, y nos desaguamos en palabras que rebosan hasta la inundación de la neurona vigilante... Hasta que la dormimos (a la neurona) con la penúltima copa de lo que sea, y entonces...¡el desastre, la explosión, pum, y a freír gárgaras, hacer espárragos y otras actividades de similar renombre y relumbrón! Gracias por tu compañía, y besos de todos los colores.

6:35 p. m.  
Blogger Común said...

Hola!!!!!!!!!

No quiero que sea martes, menos mal que hoy es sábado.........Feliz fin de semana.

Un besote y abrazo de oso.

5:25 p. m.  
Blogger cronopio44 said...

Hola común, cuánto tiempo. Me alegra verte por aquí... El fin de semana fue bueno, espero que por allá también. Besos

2:32 p. m.  
Blogger MaleNa Ezcurra said...

O no.
Es un ritual leerte, un ritual lento, pleno.

Tu Carta de amor o desamor me tiñe el alma, aún me conmueven ciertas cosas.

Un beso compañero, espero que sus días tengan una que otra luz filtrándose, a pesar.

Otro beso.

4:28 p. m.  
Blogger Lena said...

Coño que si se entiende!!!!!!!!!

Mira...si no sé ni por dónde emepezar a comentarte, 44,46 o cuasi 50...(quexageraopordió)!

A lo largo de la lectura, frases, oraciones y proposiciones me guiñaban el ojo, me hacían señas, me invitaban al bar, y yo, ligerona de las letras, me fui con todas, porque todas me gustaron...

Me trajiste tantas reminiscencias que me volví un ocho y me quedé con tantas lecturas y tantas ganas de hablar que aquñi estoy, dandole al teclado, sin saber muy bien que decir...!!!!Si parezco Cantinflas the blogger!!!

Lo que hace escribir cartas sabrosas!!!!

Gracias por este texto de hoy!

Un beso tartamudo!

7:37 p. m.  
Blogger Paula, la malvada said...

me gusto mucho la última parte

(saludos a famita)

9:18 a. m.  
Blogger cronopio44 said...

Gracias, Malena, por tu paciencia y tu lentitud. Y sí, aunque la carta de Enrique tenga ya veintiocho años de existencia, sigue viviendo en los rincones desgalichados de esta tribu de cronopios que por aquí va apareciendo... Besos, demorados y sabrosos.

5:45 p. m.  
Blogger cronopio44 said...

¡Hala, qué bruto! Dieciocho, Malena, dieciocho años de existencia...

5:46 p. m.  
Blogger cronopio44 said...

Tartamudearemos juntos, Lena, que ya se te va `pegando hasta mi afición a llegar corriendo, y descargar de cantinflesca manera, que se dice... Pero yo feliz de tenerte por aquí, y redondito de satisfacción. Besos bien silabeados.

5:48 p. m.  
Blogger cronopio44 said...

Gracias Paula, te echaba de menos... ¡Y el famita más!

5:48 p. m.  

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