lunes, noviembre 03, 2008

Como tantas otras veces...

Lunes, 3 de Noviembre de 2008

En medio de este maremágnum de citas y cosas por hacer, buscas un hueco que puedas dedicarle a Enrique y a su extraño bucle espacio-temporal, ese que te ha agarrado a ti por medio para sustituir tus palabras por las de él, o por las tuyas propias de aquellos entonces lenguaraces, o quizás por las nuestras siempre como a rastras tras tu rastro desastrado, y otras lindezas por el estilo…

Como tantas otras veces. La sensación precisa de estarse repitiendo justamente esa frase: “como tantas otras veces”. En torno, quizás, el silencio.
Enrique Molina, pues, escuchaba el silencio imposible, apenas a dos metros del jolgorio de coches, uno detrás de otro, invasión habitual a través de la ventana: daba igual que estuviera cerrada.
Como tantas otras veces, rumiaba la sensación: ser incapaz de decir, estar muerto de miedo y de ganas de decir. Quién sabe si ya no querer decir.
Quién sabe si ya no poder decir.
(Y te ronda la sospecha: ¿hablaba de Julia, hablaba de sí mismo, se trataba de, como tantas otras veces, sí, la pura generalidad echada al aire a ver qué pasaba y por si acaso…?)

Estar rodeado de gente que habla. Ser capaz de registrar el detalle más nimio. Transformarlo en elemento pleno de significación.
Enrique Molina hubiera deseado poseer todas esas cualidades. Tal vez, entonces, hubiera pasado a ser miembro de honor del club de los pertenecientes al mundo-símbolo, al paraíso de los viajes iniciáticos, al reino del sentido estructurado. Rodeado de cada una de las parafernalias que ahuyentan el cliché no solicitado: apenas el tópico aggiornatto (¿sobrarán ges, o tes, o…?), el elegante giro de muñeca, torcedura bucal, característicos del ingenio que capta los tiempos como nadie, para transformarlos en verdad significante…
(Ciertamente, todavía leíamos, o teníamos muy próxima esa lectura, a los semióticos tan venerados en nuestra Facultad entonces: Umberto Eco y la corte de Derridas… ¡El encanto de hacerse incomprensible por momentos…!).

Y siempre justificando, Enrique, aunque nunca te pedimos explicaciones, o quizás sí, o quizás tampoco nunca justificaste pero nos gusta imaginarte así, con gesto de agobio y en la disculpa, amable, artera, sinuosa. ¿Nos dijiste que ya no quieres hablar de mujeres? ¿De qué entonces? ¡Nos acusas de retóricos y no nada eróticos, monjiles calvinos de virgen con urna, midons embalsamada y nunca carne y hueso –más de la una que de lo otro-, aceitunas rellenas sin anchoa, insípido mejillón de cloaca!
Obligado a quedarte en casa precisamente cuando no te apetece, aprovechas para telefonearnos en busca de auxilio. Quizás pretendas que te embarquemos en alguna exótica aventura de hawais y jula-julas, pero no está el horno para bollos, Enriquito, no. El horno está para hartarnos de copas también nosotros, y volver tambaleantes para sueño ipso-facto y mañana volverá a amanecer, y al otro, jodida suerte, también, y así otra vez, indefectiblemente, otra. Y otra más.
Eso hay, Enrique. ¿Por qué no haces tú algo que nos saque de esta modorra, por qué no nos sorprendes?

Así que seguramente los veintinueve cronopios de entonces salimos de farra salvaje…¿Toda la noche escuchando jazz en nuestro garito preferido, siguiendo con mirada turbia los arrebatos de la mano izquierda del batería…? En todo caso, y sin duda, volvimos a casa, tambaleantes…

12 Comments:

Blogger Lena said...

Yo nunca pensé que los años en que me torturaron con estructuralismo y los que me divertí con semiótica (Peirce et al...la verdad es que amo la semiótica...¿para qué lo voy a negar?...) me iban a ayudar en el ejercicio de la escritura (no conscientemente...no en el momento, pero luego, al releer, todo está allí).

Me encantó esta entrada, 46....yo siempre fui de Jazz y Blues también, a los 14, a los 18 y a los 26...hoy a los 40 igual...

(¿así que me recordaste? jajaja
!qué majo! me viene bien que estoy pachucha...

Un beso non smoking...jaja

2:39 p. m.  
Blogger karina said...

Hola cronoipio

Así que nada de mujeres, pero se lo llevaron igual de copas,no?

Ahora quiero saber de qué quiere hablar Enrique sino? Me intriga.

Un beso

6:19 p. m.  
Blogger Fortunata said...

Me gusta tu extraño bucle espacio temporal....

Besos

6:22 p. m.  
Blogger Isa S.B said...

Sólo espero que ninguno de los 29se quedara afortalado a una farola confortablemente.
Un placer poder leerte de nuevo, un abrazo.

8:57 p. m.  
Blogger Margot said...

Pues las farras salvajes me parecen lo mejor (ahora ya no sé, en aquel tiempo si lo fueron, seguro que Enrique me daba la razón) de jazz y tambaleantes madrugadas, dejando de lado el gesto simbólico, el silencio y las cualidades ansiadas.. y ese querer decir y cómo saber.

Qué lío, vaya lío, otro gin-tonic, please.

Besos cantando a los gatos.

12:17 p. m.  
Blogger cronopio44 said...

Cuidate, Lena, aunque ya se sabe, muchas veces la pachuchez produce visiones inspiradas... Besos.

8:23 p. m.  
Blogger cronopio44 said...

¡Ay, Karina, al propio Enrique le encantaría saber de qué quiere hablar! Besos.

8:25 p. m.  
Blogger cronopio44 said...

Gracias Fortunata. Besos redoblados.

8:27 p. m.  
Blogger cronopio44 said...

¡Isa, has vuelto! Espero pasar a visitarte pronto, en cuanto me desenrede un poco... ¡Te echaba de menos! Besos.

8:28 p. m.  
Blogger cronopio44 said...

...o mejor, Marga, cantando con los gatos... ¡Barra libre de maullidos! Besos y ronroneos.

8:30 p. m.  
Blogger Laluz said...

Nada mejor que una noche de copas cuando cansa tanta semiótica!

12:52 a. m.  
Blogger cronopio44 said...

Desde luego, laluz... Y es que tanta semiótica suele resultar agotadora... ¡Y las copas muchas veces también! Besos.

5:35 p. m.  

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