martes, abril 08, 2008

Y Aurora

Martes, 8 de abril
Y desde la furia de lo cotidiano, recobras la tranquilidad, y el devaneo… Faltaba el otro lado de la cábala… ¡Aurora!

Miércoles, 19 de marzo
San José, y tú huido de la “bella fiesta valenciana”, apoteosis del petardo y de la mala educación, de la porquería y del atropello, de los festeros que secuestran a la población durante casi un mes para montar sus chiringuitos y sus “monumentos” repletos de alusiones parafascistas de pretendida gracia popular, bloqueando calles y aparcamientos, forzando a los anti-valencianos curritos a buscarse vías alernativas para llegar al trabajo, babeando consignas de beatería mojigata y machismo galopante, y amenazando a los que no les ríen el chiste con poco menos que el infierno, cuando el infierno son ellos y (por cierto) lo que votan… Así que desde tu exilio vacacional, sacas de paseo a Héctor (post anterior) y querrías hacerlo con Aurora, de trazas aún más vaporosas, difíciles de asir a golpe de memoria o presente de suspiro conformado, de ay releches quién me manda, si no se va a dejar, si me va a coger por la nariz y me la va a retorcer hasta que Pinocho crezca y la madera estalle en mil vetas de deseos incontinentes y relatos de erótica languidez…
Aurora era el sonido de la puerta de tu casa a horas intempestivas: el sonido que no sonaba en tu insomnio arrebatado, muertito de soledad rabiosa que trepaba por las paredes y se arrancaba los cabellos metafóricos que tanta falta te habrían de hacer más tarde… Aurora era la colección de paralelismos que ahora se te ocurren, interminables como una tarde de estudio o una noche de fin de semana, de las que purgabas trabajando en algún bar porque la vida independiente hay que pagársela, y para todo n o daba… Pero tú (¡y Héctor!) buscáis a la otra, a la que siempre aparecía porque estaba allí, a la que os acompañaba de rincón en rincón, en vuestras noches estupendas de charla desbocada, de proyectos infinitos, beodos, que llevabais solemnemente a la práctica en el arrebato de los porvenires domesticados, en vuelo directo al Nuevo Mundo, al que tú ibas a construir sin duda en dos tacadas de inspiración febril a uña de caballo, a diente de león y alas de mariposa… Aurora quedó tal vez allí, también a la espera. Quizás esté ahora girando la cabeza, al sentirse mencionada, y reconozca aquel bar de mesas-tambor, de cristalera a la calle y perspectiva de ventanas donde todos, asomados, la invitábamos a salir, a pasear las calles multicolores donde, seguro, alguno de la panda podría invitarnos a los demás, a los que salíamos sin un duro confiados en la solidaridad tribal, en el rito de la cerveza compartida en una esquina, y las voces de madrugada alejándose lentas hacia el abrazo requerido, los sudores y revolcones de alcohólica acidez y risueños despertares, desnudeces sorprendidas, desayunos a las tantas y de nuevo, vuelta a empezar, reencuentros y desapariciones, angustias y proyectos a la vuelta de una esquina que se iba alejando, con el ritmo descompuesto de lo que, al final, uno ya no recuerda en qué narices consistía…
Ahí están, Aurora y Héctor, reclamando el mundo que nunca construiste: presos en tu limbo de palabrería y excusas. Ahí estás tú también, tan preso como ellos. Adicto a los giros elusivos, a la disculpa razonada. Repentinamente consciente de que la realidad es real, o de que los mundos paralelos hay que trabajárselos con voluntad de héroe del proletariado en tiempos de rebeliones permanentes, de furias constructivas, de convicciones a prueba de cada pisotón, cada risita, cada prepotencia de ser establecido en las verdades del barquero y los equilibrios necesarios. Pero a veces el limbo toma cuerpo y evidencia: puertas abiertas donde encontrarte si te nos pierdes, donde invitar a los amigos y a los amantes, a los de verdad y a los maquinados a la luz de casi todos los deseos que te han requerido, que te han empujado y sacudido sin que tú te resistieras lo más mínimo. A veces te internas en plena noche, dispuestos a todo los tres, enlazados en la noria salvaje de vuestra risa. Y quisierais no regresar. Allí los dejas, cada vez, de madrugada, y nos devuelves el saludo aliviado con que te recibimos, y conjuras la mueca triste y la mirada vaga, y recuperas tu ser de este mundo y sus trajines.

5 Comments:

Blogger Isa S.B said...

Así que sacaste a Aurora por desfacer malos sabores de boca falleros...
Está bien jugar a desempolvar, pero cuidado no vayan a secuestrarte.
Saludos.

10:47 p. m.  
Blogger Margot said...

Ummm ya echaba en falta a Aurora y mira tú por donde esta vez la situé de veras...

Entre el limbo y el trajín se nos van los días. A medida que pasan parece que el limbo se desdibuja en favor del trajín pero... no te quejes, tienes dos compinches que pueden tirarte de las orejas para no olvidarlo aunque ya algo desengañados por nuestra impotencia o cansancio (no tan real, no tan total). Quién no?

Me reí mucho, tengo un amigo que expresa la misma tiña hacia las Fallas, con parecidas palabras y hechos... mira que sois los valencianos!!! jeje.

Un beso resistente!!

9:49 a. m.  
Blogger cronopio44 said...

En realidad, Isa, ya me tienen secuestrado...Más saludos.

Es que, Margot, tú no sabes lo que son las fallas... ¡Menudo horror! Pero en fin, resistiendo seguimos... Besos expectantes..

7:41 p. m.  
Blogger MaleNa said...

Qué relato! Que relato!
No te privaste de nada,sos un caso serio.
Las Fallas después de vos son distintas ¿ no estarás jugando una pasada?

Un beso colorido y buen fin de semana, Cronopios querido.


Malena

3:51 p. m.  
Blogger cronopio44 said...

Gracias, Malena, por tus elogios... Y no, no es ninguna pasada: ¡las fallas son peor que todo eso, para los que vivimos en la ciudad! De turista todo es diferente, claro... En fin, un gran beso primaveral, para que soportés mejor los otoños que se os avecinan...

6:15 p. m.  

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