martes, enero 16, 2007

Políticamente correcto, sí señor

Sí, sabemos que te hubiera gustado ser, por ejemplo, un Ouellebecq con todas las de la ley, verbo furioso y seguridad absoluta en cada burrada proclamada con el ademán de suficiencia de la inevitable certeza. Adoptar literaria pero definitivamente la personalidad de tu yo candidato a actor de película porno, pongamos por caso, asociado con el yo-espía de seductoras vestimentas femeninas, con la inestimable ayuda del yo masturbatorio, y el escándalo generalizado de todos los yoes-buenas-personas, que, en sus más diversos matices, cuestionan y retienen desde épocas inmemoriales a aquellos duendecillos rijosos que te rondan la entrepierna mental cuando te pones estupendo. Pero claro, ya lo has dicho tú, te falta convicción efectiva, y aceptas los exabruptos radicales de Ouellebecq, y hasta te puedes proclamar de acuerdo con él en su visión apocalíptica y desvergonzada, tan sólo porque sus palabras vienen desde el extremo, desde la sinceridad asumida hasta sus últimas consecuencias, desde el desprecio absoluto a todas las hipocresías que como única medida contra la pulsión infernal del humano desnudito de prejuicios han proclamado la necesidad “moralmente irrebatible” de cogérsela con papel de fumar y eyacular disimuladamente en el interior del propio cerebro reblandecido.
Y es que, a estas alturas del cuento, ya sabes que jamás podrás ser una mala bestia, aunque tantas veces lo hayas deseado con ansiedades borrachinas, con delirios psicodélicos de bailarín sobre el alambre de tus impulsos desatados. Tienes una conciencia –fea y tópica palabra, por cierto, a la que habrá que buscar sustituta, para evitar peligrosas confusiones con faldillas sotanescas y optimismos frankcaprianos de toda laya y condición- educada para impulsarte a ser buen chico, pedir las cosas por favor, saludar con una sonrisa y ponerte siempre en el lugar del otro. La justicia, dedujiste tras mucho dar vueltas a todas las éticas ofrecidas a tu consideración (Cristo y Bakunin, Marx, Nietzsche y tu padre, entre otros, revueltos en disarmónicos jaleos siempre convenientemente empanadillescos, no perdamos la perspectiva: la empanada como marca de Denominación de Origen) siempre debía estar del lado de los débiles. Y los débiles siempre eran los demás. Los débiles mentales, por ejemplo, que te rodean en tu vida cotidiana y que proclaman como verdad absoluta que cada uno hace lo que le da la gana y que los demás se jodan. Los débiles, ostentosos practicantes de la banalidad como paradigma de toda existencia que se precie. Los débiles defensores de la tradición, porque aquí las cosas siempre se han hecho así. Los débiles incapaces de comprender, nunca, nada. Los débiles aparatosamente cargados de razón y de imbecilidad suprema.
Listas interminables podríamos elaborar todos, te recordamos, pero es cierto: en resumidas cuentas, resulta que la justicia, entonces, no está nunca de tu parte, porque el destino volcó sobre ti la capacidad de relativizar con todas sus consecuencias, y eso implica la obligación de ceder siempre, porque supones que los demás se mueven con cerril predestinación, convencidos de la bondad y delicia de sus preferencias en todos los campos, decisiones y gustos teledirigidos por extraños poderes igualmente independientes de la voluntad que, al parecer, solo a ti te ha sido dada. Pobres desgraciados irresponsables ante los que no conviene levantar la voz, porque eso es de mal gusto, todo un señor profesor, ni que fueras uno de ellos, que gritan cuando les da la gana y que están convencidos de que eso es debatir con libertad y aprecio por uno mismo, que si no nos traumatizamos, abusón. Se trata, pues, del triunfo definitivo de la cultura popular en su versión “vivan las caenas”, probablemente la más pura y cristalina, desde los tiempos del “qué buen vasallo si hobiera buen señor”, al parecer el colmo de la modernidad, aunque tal vez andes equivocado como siempre y se trate tan sólo de una epidemia de medievalismo galopante (¡sus y a ellos, Babieca!) e intelectualidad-realmente-existente.
He aquí entonces que tu pescadilla se muerde la cola: estás condenado por formación y extracción social a aceptar y buscar el ideal de la corrección política más tiernamente bobalicona, o a renegar de tu papel y convertirte en un cínico escandaliza-niñatos-civilizados, especie de conciencia satánica de los mismos meapilas que se atreven a hablar de democracia con la mano izquierda mientras suministran pienso alienante para vacas macdonalizadas con la mano derecha de los media y de la falsa educación estabulizadora de adolescentes clónicos. La segunda opción, además, incluye la posibilidad de degustar el malditismo new age, opción rentable donde las haya, teniendo en cuenta lo moderno y “tolerante” (no te jode, el lenguajito de los cojones y las cojonas) del abundantísimo público potencial al alcance de quien decida explotar la vía brutal, pero con buena salud, que eso es lo importante.
¡Continuará!

5 Comments:

Blogger Liamtxu said...

Uffff, el tema da para un rato, porque yo nunca me consideraria "politicamente correcta", odio la hipocresia, soy bastante directa (y seguramente mal hablada), pero siempre respetando a mi contrario, que no por ser o pensar diferente es mejor o peor que yo. Claro que si lo extrapolamos a lo que creo entender, relacio profesor-alumno tan de moda en estos dias, gracias al debate de sarkozy, o al maltrato en los colegios, no creo que el problema sea tanto de ser o no mas directos o guardar unas formas, sino a la falta de una educación de base en las casas. Y no me extiendo más ya que haría un blog enterito al respecto. Besos, eso si, de lo mas respetuosos¡¡¡¡

7:53 p. m.  
Blogger Marga said...

Jajaja chapó!! a veces creo que me lees el cerebro... menos mal que la telepatía excede mis creencias, de otra forma te nombraría mi gurú, de la que te has librado por mi ateismo político-social-vital!! jeje.

Un verano aciago me dió por leer al francés, tres libritos seguidos, tuve que dejar de hacerlo: me entraron ganas de abrir venas o yugulares (estas ajenas)... lamentablemente su aroma sigue dentro, respeto demasiado a los "desenmascaradores" y me cuesta obviarlos.

Moverse entre la corrección y las ganas de batalla será sano? ays de este no saber, o saber y no poder...

Que besosssssss políticamente incorrectos, sí señor!

11:06 a. m.  
Blogger cronopio44 said...

En realidad, liamtxu, no hablaba exactamente de la educación, ni de lo políticamente correcto, a pesar del título... Hablo (creo, porque uno nunca sabe hacia dónde van a salir disparadas -¿disparatadas?- las propias palabras) de mi cabeza, de mis contradicciones, de mis deseos y de mis rabias... ¡Quién pudiera ser inmaculadamente claro y contundente! Besos respetuosísimos y... ¡apasionadamente humanos!

Marga, este es el segundo de la serie, escrito estas navidades... El hurgar de neuronas prosigue, y quizás eso nos mantenga en pie y nos impida renunciar a seguir golpeando sin piedad a las pobres palabras... (Sí, sí, pobres...) Besazos esforzados... Por cierto, ¿has leído algo de Ouellebecq?

7:44 p. m.  
Blogger xnem said...

saludos señor, casi siempre me asusta un poco leer sus largas "butifarras" pero a veces lo consigo. Por cierto me voy a ver quien era Mateo Diez, me ha usted hecho pensar.

7:14 p. m.  
Blogger Rain said...

Está de moda, HOuellebecq. He leído apenas de sus escritos.

Metatextos, también...

Qué bien, esta posibilidad bloguera de denostar :)

inorrecta, la que te deja un grato salute. Chao.

9:24 p. m.  

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