domingo, agosto 27, 2006

De festivales y otros pretextos

Es siempre el teatro, en lugares y situaciones diversos. Son los espacios de tu ciudad, o la marabunta de los festivales, bajo el sol imposible de estos veranos brutales… En un pueblo como Almagro, por ejemplo, lo teatral se multiplica: el público cobra vigencias inesperadas, y los autobuses de jubilados que descargan en la plaza su colección de señoras ávidas de movimiento y paseo, de actividad y vida congelada, son tan protagonistas como los propios actores, o como ese público “profesional” entre el que te incluyes, habitual y entendido, deformado quizá, incapaz quizá de la pulsión original, de la relación básica y sin intelectualizar: la representación y sus destinatarios… Claro que este teatro no está hecho para este público… ¿O sí? Las señoras que ahora se toman su cafetito en la mesa del bar, a tu lado, recibirán luego, junto a ti, el verso de Calderón, desde la “arqueología” oficial y “bien hecha” (vestuario, iluminación, dicción…) de la CNTC, por ejemplo. Saldrán felices, contentas, y un poco cansadas, y contarán que estuvieron en el teatro y que vieron una obra muy bonita sobre… ¿Sobre qué? ¿De verdad siguen teniendo sentido esta especie de modernas “Misiones Pedagógicas” (cobrando, por supuesto)? Tú tiendes a contestarte que sí, que Calderón puede reinar sobre los tomates televisivos, aunque sea por una noche, y aunque sea Calderón, qué remedio (por muy desactivados que estén, el honor, la honra, los celos y sus muertes no son temas precisamente adecuados para la divulgación cultural…)… Por un día, el sentido de las conversaciones cambiará, y estas gentes hablarán de teatro, y todos nos sentiremos un poco mejores, más cultos y más civilizados… Vale. ¿Y los jóvenes?
Bueno, tú a fin de cuentas trabajas con ellos, y hasta les ofreces cada año la posibilidad de ver y escuchar un teatro diferente (aunque sea el único que al final van a conocer), hecho además por ellos mismos. Cambiemos los textos. Rodrigo García por Calderón. Cambiemos los temas. Violencia en las aulas por honra. ¿No te quedas con la sensación, después de todo, de que los jóvenes son como los jubilados? Hablarán un rato de teatro, de lo loco que está el de Lengua, de lo bueno o de lo gordo que está uno de los actores o de las actrices… Y volverán luego a sus cables y a sus aparatitos, sin saber muy bien, ni siquiera ellos, si han entendido algo o si es que había algo que entender. Educación y elites. Masa y privilegiados. Los que se salen del redil. Los que intentan pastorearse a sí mismos, a riesgo de perderse siempre y cada una de las veces, dudando…¡Dudando! Pero…¿quién duda de algo hoy día?
Tú dudas. Te gustaría escribir bonitas crónicas de las obras que has visto en Almagro: La gran Zenobia, con los jóvenes de la RESAD; El coloquio de los perros, en versión casi de calle y clown, teatro dentro del teatro con otra vuelta de tuerca; Amar después de la muerte, de la CNTC. Te encantaría hablar del gusto que da ver tanta gente movilizada para ver y hacer teatro, tantos espacios restaurados gracias al Festival. Te gustaría después contar la versión en clave gitana de la Odisea que has visto en Mérida, y lo mucho que te ha gustado esa mezcla de jazz, flamenco y clásica de su música en directo… Pero al final te quedas con la rabia de aguantar a un público reconvertido en un flash continuo de fotografía digital y lucecitas de móviles en la oscuridad que debiera ser casi sagrada del teatro romano, o con el comentario demoledor de alguien a la salida… ¿Cómo se llamaba el Jefe de Estación?... ¡Homero, era Homero, un Homero que lee su Odisea a un grupo de gitanos que van camino de campos de concentración nazis…! ¿Qué habrá entendido este señor, que afirma que todos los imperios caen por lo mismo, que por ejemplo en Roma todo se debió a la pelea entre los faraones? No hay duda: eres un pedante intransigente, y no entiendes a la gente sencilla del pueblo, la que de verdad importa, la que, a fin de cuentas, paga tu sueldo con sus impuestos, funcionario de mierda…
En fin, en eso has andado estos días previos a la reclusión estudiosa en la casa del pueblo extremeño, liberado de tareas más prosaicas y dispuesto a eliminar las toxinas del curso escolar, venenito puro que conviene purgar antes del regreso… Prepararás la obra del año que viene, buscarás textos, pegarás, recortarás y… ¡novedad!... nos lo irás contando a nosotros, que hemos vuelto, que estamos aquí, espías, chivatos, dispuestos a divulgarlo todo… cuando nos podamos conectar, claro está…

4 Comments:

Blogger Marga said...

Los griegos ya decían... "el teatro nunca fue lo que era" tipos listos estos griegos!

Y ahora qué? qué mas dará, bastará si alguien se sentó y se le iluminó la mirada aunque se pierdan entre romanos y egipcios o vuelvan al MP3 tras ello.

Esta espía, que no Mata Hari, espera tus recortes...

Yo dudo, tú dudas... besossssss afortunados

9:34 p. m.  
Blogger cronopio44 said...

Esa ha de ser, seguramente, la conclusión, Marga... Seguiremos viviendo para contarlo... Besos para cada día que pasa...

6:30 p. m.  
Blogger Majorova said...

Es extraño leerte, a veces no tengo la menor idea de lo que decis, pero es como recorrer un bosque lleno de arboles con diferentes follajes, supongo que me atrae justamente por oposición, me imagino saltando en tus textos de una palabra a otra como en un campo de algodón.
Gracias por lo que escribiste en mi blog, mi escribir es tajante, mientras el tuyo fluye y me gusta mucho.
Un beso, Majo

6:09 p. m.  
Blogger cronopio44 said...

Me alegro de verte por aquí, Majo. ¡Seguí saltando, por favor, las palabras nos lo agradecerán a todos! Un beso.

7:38 p. m.  

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