jueves, febrero 08, 2007

La narración, la culpa, y alguna que otra torpeza...

El futuro, nos dices, ya no puede ser narración: no esperas acontecimientos nuevos. Los años transcurren en una sucesión de ciclos, los hechos se van repitiendo, con la mínima variación de cada vez. Hay puntos de fuga, intersticios en los que refugiarse de cuando en cuando, pero siempre al margen del tiempo, fuera de la sucesión, pausas, se diría, para tomar un respiro y proseguir cabalgando sobre la elipse inmisericorde. Podrías romper esa inercia, pero ya lo has dicho otras veces: no vas a hacerlo. Sabes que la ruptura supondría únicamente otra leve variación, que en el acto se volvería a transformar en secuencia inaugural del mismo ciclo apenas travestido… La solución es el poema, el corte transversal que explora la materia como si fuera espacio, atrapado en un instante inmóvil, suspendido fuera de las historias y de los transcursos: espejismos de existencia falsaria, los relatos, ficciones no rutinarias que esconden la dentellada repentina, el hallazgo de aquello que no estaba allí pero ahora está y permanece, en equilibrio de humana transparencia.
Sólo el pasado puede ser narrado, a condición de liberarlo de toda responsabilidad sobre nuestro presente o de, precisamente, todo lo contrario: a condición de convertirlo en excusa, en justificación del ser rutinario, en búsqueda del punto de inicio de la espiral cíclica que en algún momento comenzó a avanzar sobre sí misma, dentellada insurgente y desleal… Los Héctor, las Aurora, se te ocurre, justo cuando comprendes que tanta charla inconexa (si revisas lo que acabas de decirnos verás que te has hecho tal lío que parecería que vas atando espirales con nudo marinero, cowboy tartaja que las pilla al vuelo y las despluma, con tal de no mantener la boquita cerrada) no es más que pretexto para citarlos, para justamente narrar, ilustrar la teoría de los seres sucesivos que son el mismo ser deseado, el imán del así quiero ser, en el caso de Héctor, la rasgadura por donde asoma el dolor del adicto a la frustración: las Auroras imposibles siempre fugaces y al alcance de la mano, en huida permanente hacia obsesiones entrecruzadas, sufrimientos de habitación vacía, teléfono silencioso, ruidos callejeros, puertas que se abrecierran, luces y oscuridades repartidas sobre el fondo de la ventana tras la que atisbas, controlas, desvarías…
Has estado haciendo cuentas, y el primer Héctor tenía apenas ocho años, y era un chico asturiano, rubio, guapo, y tan forastero como tú, el empollón (mentira cochina: jamás has necesitado “empollar” nada, faltaría más, bonita gilipollez) gordito al que había que hablar en castellano, cambiando de idioma como señalando con el dedo… (y luego los listillos maldecirán la inmersión lingüística: ¡qué hubiera dado mi yo niño “churro” por verse obligado a hablar el valenciano de los demás, de los integrados, de los “vileros” de toda la vida!). Amigo inalcanzable, claro, ante el que intentabas hacerte visible por todos los medios. Con distintas edades y complexiones, así fueron siendo todos los demás, y tú los ibas reconociendo casi al instante, para buscar su sombra, disimuladamente boquiabierto, erizado y tenso como para el salto hacia el camarada perfecto, tu doble ejemplar, triunfante, amado por el universo mundo enterito y sin excepción.

Ahora ha pasado casi un mes desde que nos explicaste esto. Hemos tenido que mandarte una amenaza pública para que volvieras al redil. Falta de tiempo, nos dices, líos múltiples, obligaciones… ¡Y juergas cibernéticas que sabemos que te corres en tu tiempo libre, quién sabe si todavía en ridícula persecución (¡a tus años!) de Auroras fantasmagóricas que te alegren las entretelas! Ya no hay más Héctor, ya apenas entrevistas Auroras de suspiro melancólico por lo que ni fue ni será nunca… Te hiciste mayor, ya veis, insistes ante nosotros, compungido y comediante, pobre de ti, tan perdidito en tu cabezota claudicante… Curioso: en un comentario se metían con tu tendencia a la autoinculpación, disfraz indudable de una permanente excusatio non petita… ¡Exactamente el mismo razonamiento de aquel Héctor heidelbergiano: cronopín, excronopín agobiado por el peso del pecado original! Brindemos por y con la comentarista: olvidemos cuanto antes los “debo”, empeñémonos en los “puedo” liberadores. Vivamos, de una puñetera vez… A ver si te aplicas el cuento, llorón, más que llorón…

8 Comments:

Blogger Liamtxu said...

Mira que me suena a mi eso de los puedos y los debos......y sabes? si que se puede, tengo un amigo que me dice, que yo cambio de ciudad y de vida sin despeinarme, tan cotidianamente como otros se van a hacer la compra. Y bueno, algo quizá si que me despeino, pero que no sea por no intentarlo, por no luchar por salir de la rutina y de las vidas vacias o medio llenas. Y para los que señalan con el dedo, tengo una frase, (joer, con mi mala memoria), los locos felices miran las estellas mientras los cuerdos les señalan con el dedo...me pido ser loca por siempre, e inmadura, y sobre todo ¿que es eso de autoinculparse? creo que no viene en mi diccionario... besos fuera de toda culpa, de toda duda.

10:14 p. m.  
Blogger Liamtxu said...

Se me olvidaba, acepto el brindis, por vivir y no sobrevivir, por los puedo y no los debos, por ser y no por aparentar, por....

10:24 p. m.  
Blogger cronopio44 said...

¡Ah, qué felicidad la inmadurez permanente, liamtxu! Aunque a veces haga sufrir por falta de defensas... Sigamos besándonos, indudablemente...

8:17 a. m.  
Blogger Marga said...

Me gustan los cortes transversales, los Hector y las Auroras de mi vida precisamente por eso, por ser sucesivos.. pasado o futuro? ni idea, apenas una corriente momentánea en las entretelas cerebrales. Y no soy llorona... jeje.

Besossssss vividos

12:34 p. m.  
Blogger cronopio44 said...

Abandonados a la corriente surcamos las olas, marga, surferitos de toda la vida... Ya ves, empiezo a pensar que, como en Mundaka, la ola se nos acaba...
Besos vividos y vivientes...

3:43 p. m.  
Blogger Rain said...

Dejarse llevar por la ola: cuando eso sucede, es el placer del extravío. Motivo para escribirlo. Que de torpes, ni me sigas, que esta asterixiana lo es, alejándose involuntariamente de los cronopios que se miran por dentro. Son los pleamares de la vida...

9:49 p. m.  
Blogger Rain said...

errata es ...
ni me digas

niet con
no me sigas. Ni que me creyera un adalid :)

9:50 p. m.  
Blogger cronopio44 said...

Puedo decirte y seguirte, si tu pleamar está en creciente... Se te echa de menos siempre, y se agradecen tanto tus visitas... Mil suertes, por esos mundos deslizantes... Y besos para el camino...

3:24 p. m.  

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