jueves, junio 01, 2006

De luces y sombras

La doble, o triple, o cuádruple personalidad. La tiniebla, en contacto liminar con supuestas luces. Porque lo oscuro siempre es cierto, cruda y rudimentaria ley del piensa mal y acertarás. Es la iluminación lo que no suele ser más que cohartada de conciencias bienpensantes. El cronopio siente urticarias arduamente entrenadas a lo largo de los tiempos ante las solemnes declaraciones de buenísimas intenciones. Las hacemos desde nuestro aquí o nuestro allá, con la lagrimita de fíjese usted cuanta pasión le estoy poniendo al asunto presta al efecto de un oportuno parpadeo, y las indignaciones contra el nefandísimo mal a flor de palabra ágil, la nuestra, sincera y espontánea como nosotros mismos, que, ya se sabe, somos los buenos. Propaguemos las revoluciones que todo lo han de cambiar desde nuestros deditos tecleantes, seamos fieles al ideal, vayamos después a ver una magnífica película hecha para nuestros delicados paladares, denostemos el gusto rocíojuradista y sintámonos elegidos en este mundo tan mal distribuido, y tan zopenco, y tan reacio a saber lo que le conviene y a disfrutar de lo que debería… No, no. No sirve. Es el lado oscuro el que sirve. Es el lado que le quiere pisotear la frase definitiva a nuestro compadre, con quien tantas ideas compartimos, y de paso, y si puede ser, levantarle esa mina estupenda que de dónde la habrá sacado, con lo sonso de corral de patos que nos salió, él que tanto presume. Etcétera. Lado exhibicionista, lado protagonista, lado Angelina Jolie y Sting, lado conciertos benéficos, lado defendamos la auténtica democracia, el auténtico socialismo, el genuino espíritu libertario… Ese es seguramente el impulso productivo. El que nos permite seguir disfrutando de nuestros privilegios primermundistas sin vomitar al mirarnos en los espejos de cada nuevo día rezongante.
¿Y entonces? ¡No hay problema! Este cronopio mantendrá fervorosamente ante quien quiera escucharle que es un cerdo superlativo, dispuesto a seguir defendiendo un mundo más justo, una revolución improbable, el papel central de la cultura y el aprendizaje de lo bello, la necesidad de solidaridad universal y de renuncia a lo superfluo… a ver si de una vez es recompensado con la admiración universal, el favor de las reinas de la belleza y la envidia cochina de todos los machos-luchadores-contra-el-imperio-del- mal rivales. Incluso estaría dispuesto a renunciar a este lenguaje evidentemente sexista, si tenemos en cuenta que una verdadera liberación de la mujer pasa por disimular toda una vida de ejercitación en el entrechocar de cornamentas, eso sí, bajo mano, que entre las vanguardias de los 80 eso ya estaba muy mal visto…
El cronopio se está haciendo tal lío que ya no sabe muy bien qué era lo que quería decir al principio, si es que quería decir algo. Entrelazamiento de oscuridades que le traban la garganta y le tiznan las convicciones… Ganas de molestar o ganas mucho más grandes (enormes, desbordantes, fluidas y terroríficas…) de estar en el buen camino, de ser de la banda de los buenos, de ver por fin a todos esos cabrones defensores de la libertad (de empresa, de comercio, de invasión, de monopolio…) convertidos en un mal sueño que algún imbécil alguna vez soñó…
Y al imbécil (dicen) le llamaron Dios. ¿No?

4 Comments:

Blogger Marga said...

Pues ya ves que yo ando en la cuerda floja, cómo no?, con eso de la oscuridad y la claridad... si digo: malo! si me callo: peor! y al final acabo no teniendo claro si tengo buenas intenciones o simple mala leche! lo que sí sé es que al imbécil le acabaron por dotar de divinidad... ays, que mundo!!

Cómo haces para mezclar tantas cosas en tanto tema?? y el caso es que entiendo lo que escribes, creo que esto es lo verdaderamente preocupante... jeje

Besossssssss cronopiadores cóctel!

1:30 a. m.  
Blogger cronopio44 said...

Quizás es que somos como una especie de centrifugadora desquiciada de temas y cosas, y nos las guisamos y comemos como nuestro maltrecho entendimiento nos va dejando... Sin duda la cuerda floja es una de las opciones más interesantes... ¡A mí me gusta! El límite, el borde del precipicio, el umbral de la casa propia y, esperemos, el de bastantes ajenas... ¡Besos fronterizos!

9:47 a. m.  
Blogger MaleNa said...

Camino por acá y Julio me acompaña de la mano.

Siempre es mejor andar por las cornizas con el corazón vibrante, que ir por senderos seguros.

Abrazos

4:40 a. m.  
Blogger cronopio44 said...

Gracias por tu comentario, Malena, que trae a estos andurriales algo de la añoranza del que nunca (hasta hace bien poco) estuvo en Buenos Aires...Y sí, caminar por las cornisas, a ser posible con los ojos vendados y dando saltitos... La pena es que entonces no vemos la cara de espanto de expectantes espectadores a la espera del desastre. Yo , por si acaso, no salgo nunca de casa sin el paracaídas...

7:01 p. m.  

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