martes, junio 13, 2006

Sin retorno

Echar vistazos distraídos hacia el mundo-avispero: sufrir el vértigo del tio-vivo desquiciado. El mundo en pequeño, el de aquí, a nuestro lado. El mundito de los tabiques, las hormigoneras y las zanjas (¡es la guerra…!). Desidias, inercias, conformidades. Arrastrarse lentamente sobre el presentimiento de calores que nos derretirán cualquier otra intención.
Habría otras posibilidades: mordisco sensual a la colección de frutas prohibidas. Sacudida de meninges alteradas. Cabeza con manta liada en expedición sin regreso a himalayas refrescantes. Los nativos salen a nuestro encuentro. Huelen a llama, a cabra montés, a mantequilla rancia de yak. Olor apetitoso de fogatas a la luz de lunas picaronas.
Los caminos llevarían, entonces, a lugares sin retorno, donde uno podría habitar memoriosamente el olvido, el viaje permanente, el no ser, en movimiento, el descanso total del yo saturado. Lugar y tiempo, transcurriendo. Alguien nos pondría un nombre, y nos saludarían con él cada mañana. La nueva identidad se nos iría desgastando con el uso, acomodándose al nosotros reinventado, adquiriendo transparencias de pureza insospechada.
Uno ya no sería uno, sentado al borde del abismo, en los Andes, en los Urales, en los Apalaches o en Tombuctú (¿hay abismos en Tombuctú?), contemplando la puesta de sol de, como siempre, naranjas y cárdenos y fuegos y violetas, con toque extravagante de verde porque sí, o de azul mar imaginado más allá de donde alcanza la vista. Pero el momento sería el mismo: el instante exacto en que el último rayo nos acaricia la nariz y ya no es de día, y aún no es de noche, y el zumbido en nuestro interior se detiene, contiene la respiración, se funde con lo que vemos, oímos, olemos, soñamos…

7 Comments:

Blogger Marga said...

Reinventarse a golpe de aire y olores? escapar o atesorarse? sin avispas dentro y fuera?
No sé si Tombuctú... a veces pienso un icerberg navegando a la deriva o un rincón polvoriento en la Patagonia de vidas mínimas (la peli era Historias mínimas, siempre tan peliculera, Marga). En cualquier caso el instante preciso sería el mismo: respirarse...

Besossssssss amplios

8:38 p. m.  
Blogger cronopio44 said...

...Esa peli también me quedé con ganas de verla... Es que yo soy más de teatro, y no mo queda tiempo para todo... Sí, los desiertos...Probablemente sería suficiente con desiertitos manejables: Lanzarote, o los páramos de lava de Islandia (este último no es demasiado manejable). El negro de las cenizas volcánicas nos recuerda, efectivamente, a ca instante, que respiramos, y vivimos... Besos desérticamente polvorientos...

7:45 p. m.  
Blogger arenamovediza said...

!Que bonito escribes! Me alegro de conocerte camarada profe, vendré por aquí de vez en cuando!. Me apunto a lo de reinventarse, supongo que por eso es tan atractivo conocer gente nueva, es otra oportunidad de contarse diferente!
Saludos

11:53 p. m.  
Blogger MaleNa said...

Tus palabras me llevaron por mil recovecos de mi alma.

Siempre he tratado de reinventarme, a veces pude, solo a veces.



Uso chinitas only.

Besos

6:53 a. m.  
Blogger cronopio44 said...

Arenamovediza, en efecto, rinventándonos para los demás y para nosotros mismos, que seguimos encantados de habernos conocido, aunque disimulemos, porque queda feo... Gracias por tu visita.

Malena, de recoveco en recoveco me has ido transportando, chinita (piedrita pequeña que tiene la habitual osadía de introducirse, por ejemplo, en los zapatos y viajar de incógnito...) en tus chinitas (¿tipo de calzado ligero...?). Difícil describir el asombro de mundos tan inusitados...

6:39 p. m.  
Blogger Marga said...

Recuerdas la música que comentaste de Factótum? el grupo se llama Dadafon y el disco Harbour. Creo que merecen la pena...

Besosssss musicales

9:26 p. m.  
Blogger cronopio44 said...

¡Gracias, Marga! No es mala idea buena música mientras acabo con estas malditas notas de fin de curso. Besos numéricos...

6:21 p. m.  

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